lunes, 13 de junio de 2011

Alegato juicio CCD Vesubio -sin los hechos- 2.-

Vamos a continuar con lo que fue el Centro Clandestino, su ubicación y su funcionamiento

(parte final de la incidencia por la internación de Durán Saenz)

La instalación y funcionamiento de los Centros Clandestinos de Detención y Tortura constituyó una pieza fundamental dentro del engranaje del sistema represivo implementado durante la última dictadura. Su organización fue planeada y ejecutada por los responsables de la represión en aquellos años.
Así, el “Informe Final” presentado por la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas” determinó que los centros clandestinos, “… que en número aproximado de 340 existieron en toda la extensión de nuestro territorio, constituyeron el presupuesto material indispensable de la política de desaparición de personas. Por allí pasaron millares de hombres y mujeres, ilegítimamente privados de su libertad, en estadías que muchas veces se extendieron por años o de las que nunca retornaron. Allí vivieron su “desaparición”...”
Su existencia, distribución y dependencia de las fuerzas armadas fue probada en la sentencia dictada en la causa 13, donde al tratar las cuestiones de hecho nros. 90, 93 al 99, 34 y 135 del capítulo XII, la Cámara Nacional en lo Criminal y Correccional Federal expresó: “…Las personas eran llevadas de inmediato a lugares situados dentro de las unidades militares o policiales o que dependían de ellas, que estaban distribuidos en el territorio del país y cuya existencia era ocultada al conocimiento público…” y agregó en el capítulo XIII: “No existe constancia en autos de algún centro clandestino donde no se aplicaran medios de torturas y en casi todos la uniformidad del sistema aparece manifiesta. Solo pueden señalarse pequeñas variantes de tácticas, de modos, pero el pasaje de corriente, los golpes y la asfixia, se repiten en casi la totalidad de los casos investigados, cualquiera sea la fuerza de la que dependía el centro o su ubicación geográfica”.
El Tribunal Oral en lo Federal N° 5, al dictar sentencia en las causas 1223 y 1770 A, también hizo un desarrollo de las características comunes y del funcionamiento de estos centros en el mismo sentido. De igual forma el Tribunal Oral en lo Federal N° 2 se expidió en la causa 1668.
En este contexto, el centro clandestino Vesubio estuvo bajo la órbita del Primer Cuerpo del Ejército, en territorio asignado a la Subzona 1.1, Área 114.
Al pronunciarse la Cámara Federal en la mencionada causa 13/84, en el capítulo XII, parráfo I. inciso c., en relación al centro clandestino que hoy nos ocupa, lo situó en las cercanías de la intersección del Camino de Cintura con la autopista Ricchieri, Partido de la Matanza, Provincia de Buenos Aires, lindero al Escuadrón de Caballería de la Provincia de Buenos Aires y se determinó que el predio había sido asignado al Servicio Penitenciario Federal.
Se consigna además que el centro “se conformaba por dos chalets llamados ‘Casa 2’ y ‘Casa 3’, los que actualmente han sido demolidos”.
Los testimonios recibidos durante el debate, la inspección ocular realizada en el predio y la abundante prueba documental colectada (entre los que se encuentran el incidente de no innovar, el cd de Memoria Abierta y los distintos legajos conadep), han agregado gran cantidad de información en torno a este centro clandestino de detención, lo que nos aporta un conocimiento más completo de sus características, y de su funcionamiento como lugar de cautiverio de personas ilegalmente privadas de su libertad -en condiciones inhumanas de vida- el que varió parcialmente en distintas épocas.
El Vesubio estaba ubicado tal como se dijo, en el sector nordeste de la intersección de la autopista Ricchieri y Camino de Cintura, Partido de la Matanza, Provincia de Buenos Aires, identificado catastralmente como parcelas 1306 a 1306 b de la circunscripción VIII del Partido de la Matanza (actualmente unificadas en la parcela 1284 c).
El lote posee una superficie total de 48.669 m2 con las siguientes medidas: 125 m de frente SO lindando con el Camino de Cintura (a 235 metros aproximadamente de la intersección con la autopista); 389,35m de fondo al NO; 125 m de contrafrente al NE y 389,30 de fondo al SE.
El predio perteneció al SPF conforme decreto 5595 de fecha 18 de junio de 1962, por el que se transfirieron a la Dirección Nacional de Institutos Penales las parcelas en cuestión. En la actualidad el predio pertenece a la Corporación del Mercado Central de Buenos Aires.
Al prestar declaración en la causa 1800 del Departamento Judicial de Morón, el entonces Director Nacional del Servicio Penitenciario Federal, Héctor Miguel Rossi, declaró que por decreto 5595/62 el predio donde se ubicaba el centro clandestino había sido cedido a la Dirección Nacional de Institutos Penales, ahora Servicio Penitenciario Federal, para la ubicación de la Escuela Penitenciaria, que funcionó allí hasta 1964 y luego dijo, las construcciones en el lugar fueron utilizadas como vivienda de oficiales.
En efecto, el predio antes de los hechos que nos ocupan era conocido como La Ponderosa y estaba bajo la órbita del Servicio Penitenciario Federal, siendo el jefe de las guardias José Alberto Hirshfeldt.
Este centro clandestino según los dichos de Néstor Norberto Cendón (en su declaración de fecha 15 de agosto de 1984 ante los miembros de la Conadep obrante en el legajo 494) había sido creado por el Director de Inteligencia del Servicio Penitenciario Federal, Alberto Nehuendorf con nombre de cobertura ”Neuman” y apodo “Alemán”. Cendón confirmó que el centro clandestino fue conocido como “Ponderosa”.
En este sentido, varios de los sobrevivientes declararon que escucharon a los guardias llamar al centro clandestino por el nombre La Ponderosa, entre ellos Estrella Iglesias, Mabel Celina Alonso, Horacio Vivas y Elena Alfaro.
El centro clandestino funcionó desde abril del 76 –en lo que interesa para este juicio- hasta fines de 1978, fecha ésta última en la que habría sido demolido ante la inminente visita de la CIDDHH.
El predio donde se asentaba Vesubio estaba ubicado frente a la Brigada Güemes de la Policía de la Provincia de Buenos Aires y a metros del Escuadrón de Caballería de La Matanza.
Los policías que durante el funcionamiento del CCD trabajaban en el Escuadrón de Caballería recuerdan que a partir del golpe militar del 24 de marzo de 1976 el terreno lindero comenzó a ser ocupado por gente vestida de civil con la que tenían prohibido hablar, de quienes se decía que eran militares. En ese momento también se instaló en la guardia del destacamento un teléfono de campaña.
El policía Ramón Antonio Alderete recordó que el aparato telefónico tenía una leyenda que decía “Ejército Argentino” y que sus superiores le encomendaron que lo atendiera y tomara nota de los mensajes para informar luego a la gente del terreno lindero.
La testigo Ana María Di Salvo recordó la presencia de este teléfono, en la casa de las cuchas, recordó que era un aparato con algo similar a “una manijita” que se conectaba con otro lugar.
Los policías Ramón Nicanor Rodríguez, Andrés Casco y Agustín Oscar Lescano recordaron además que el predio había sido cercado por chapas de zinc lo que impedía ver lo que sucedía en el interior.
La utilización de este predio como centro clandestino de detención no se encuentra en duda, tanto Néstor Cendón como el imputado Zeoliti han reconocido que prestaron funciones en ese lugar en el que se encontraban detenidas personas y Zeoliti precisó que no podía comentar ni siquiera con su familia lo que allí sucedía.
Las características propias de este centro clandestino, tanto las referentes a su ubicación geográfica como a su particular edificación, han permitido que las distintas personas que han estado allí secuestradas, hayan podido identificar el lugar, una vez que fueron liberadas.
El terreno sobre el que se asentaban las tres construcciones que conformaban Vesubio era un espacio arbolado donde los secuestrados podían escuchar el canto de los pájaros o el ruido de árboles. Por otro lado la proximidad de la autopista les permitía escuchar el paso de automóviles, estaba cerca también la línea de tren Belgrano Sur, y la cercanía a Ezeiza permitía que se escuchara también el paso de los aviones.
Además a unos pocos metros del portón de ingreso al CCD se encontraba la parada de la línea 86 de colectivos.
Numerosos han sido los testigos que han hecho referencia a estas características:
Alicia Carriquiriborde nos dijo: “Con el paso de los días pudimos advertir que era un lugar donde había muchos árboles, se escuchaban pájaros a la mañana y a la tarde; … El lugar coincidía, por los ruidos que se escuchaban, que había una carretera o un camino donde pasaban muchos vehículos, prácticamente todo el día. También se escuchaba un tren muy cercano que pasaba como dos veces al día, que coincidía que se estaba por el lado de Ezeiza, muy cerca de Puente 12. En una oportunidad escuchamos transmitir una carrera de coches, y entonces ahí se escucharon algunos datos. En otra oportunidad escuchamos a una persona de la guardia que decía que unos policías lo habían parado ahí en Puente 12; y la gente que conocía Buenos Aires mucho mejor que yo, estaba prácticamente segura que estábamos cerca de Puente 12. … Cuando yo llegué al Penal, una señora que estaba en mi mismo pabellón, al escuchar mi relato, ella dijo que a mí me habían tenido en un lugar que se llamaba La Ponderosa que estaba ubicado ahí muy cerca de Puente 12. Posteriormente, cuando en el año 1984 vine a Buenos Aires a prestar declaración, con el personal de ese Juzgado me llevaron al lugar, y ahí pude ver que había un sótano, que era el mismo, y ya lo habían desocupado, ahí tuve seguridad que era ese lugar. “
Guillermo Alberto Lorusso recordó que a través de la ventana de una habitación –que estaba tapiada con maderas colocadas en forma transversal- pudieron ver plantas de eucaliptos, una ruta y la parada del colectivo 86.
Genoveva Ares recordó que cuando la trasladaban desde su domicilio en Temperley al CCD pudo advertir que tomaban el Camino Negro, pues logró ver el reflejo de las luces y el cruce con Autopista Ricchieri, ahí giraron y tomaron Ricchieri, luego vio otras luces potentes; allí el auto bajó de la autopista Ricchieri, giró a la derecha y el vehículo cayó en un pozo, y luego entraron en un camino de tierra y al girar nuevamente, percibió que se abría una tranquera y se introdujeron en una playa y la sacaron del vehículo. Dentro del centro clandestino pudo escuchar ladridos de perro, autos que pasaban a alta velocidad, y a lo lejos el sonido de un tren. Una vez liberada, Genoveva pudo localizar el lugar en el que había estado secuestrada. Nos contó en la audiencia que a los pocos días de su liberación y mientras viajaba en el colectivo 86 a la casa de una amiga, prácticamente pasó por delante de Vesubio y al caer en el bache, miró a la derecha y vio las chapas, las construcciones, los techos, escuchó los perros y tuvo entonces la seguridad que ése era el lugar, por la distancia, por la disposición, las tejas, la chapa que recubría, el sonido del tránsito.
María Angélica Pérez de Micflik relató que en una oportunidad en que la llevaron al baño vio que había una ventanita y se subió entonces al inodoro y por esa ventanita descubrió el Camino de Cintura y Ricchieri. Nos dijo que esto lo supo porque había sido maestra, y de Ciudadela viajaba a Luis Guillón y vio pasar el 86 desde la ventana del Vesubio, el mismo colectivo que la llevaba a aquella localidad habitualmente. “Estaba segura del lugar... Era un lugar muy descampado”, relató.
Juan Carlos Galán nos dijo que por haber nacido en la zona, sabía que pasaba un tren y que había mucho tránsito. Un fin de semana se sacó la capucha y al mirar por una ventana vio la Autopista Ricchieri y se ubicó. Relató que ya en libertad pasó en colectivo, y vio las 3 casas y la pileta, las que habían sido advertidas por él mientras estuvo secuestrado.
Por último, en el lote contiguo al predio ocupado por el CCD Vesubio existía un local de comidas, denominado Parrilla La Gleba. Este lugar era utilizado usualmente por los guardias para hacer sus comidas y algunos sobrevivientes pudieron verlo durante su cautiverio, lo que les dio un indicio más para determinar ya liberados, cuál había sido el lugar en el que habían estado alojados.
Así, Hugo Pascual Luciani relató que estando en el baño de la casa 2 pudo ver al guardia conocido con el apodo de Foco caminando por el camino de tierra dirigiéndose hacia la parrilla.
El empleado de esta parrilla, Ernesto Francisco Castro, cuya declaración obrante en el legajo 494 se encuentra incorporada por lectura, confirma los dichos de los sobrevivientes y la existencia de las construcciones ocupadas por el centro clandestino. Manifestó en su relato que en el terreno contiguo a la parrilla existía una construcción parecida a dos chalet y una pileta de natación. Que conocía por comentarios que los chalets pertenecían a “Penitenciaría Nacional”. Agregó en su testimonio que el acceso a este terreno estaba vedado y que había un cartel que así lo indicaba.
Muchos sobrevivientes recuerdan que antes de entrar al espacio físico en el que eran alojados, el auto que los trasladaba se paraba ante un portón o similar y luego hacían un corto trayecto hasta que eran obligados a descender del vehículo en el que iban.
En este sentido, Noemí Fernández Álvarez, recordó que luego de aproximadamente una hora de marcha, el coche en el que era trasladada, se paró ante lo que supone que era una verja o una puerta o tranquera, porque tuvieron que parar y oyó que se abría un portón, entraron, franquearon esa puerta y la metieron en un edificio que por lo que pudo ver después, por dentro aparentaba ser una casa con habitaciones”.
En igual sentido, Horacio Vivas, nos dijo “La entrada del lugar debía tener una tranquera”.
Por último, Enrique Varrín relató con precisión ante el Jdo. de Ruiz Paz (en su declaración incorporada por lectura) que le colocaron sobre la cabeza un pulóver y pudo ver el recorrido, dijo entonces que el auto en el que lo conducían continuó por la Avenida General Paz hasta la Autopista Ricchieri, doblando hacia la derecha y por esta autopista continuaron la marcha hasta que descendieron en el Camino de Cintura, circunstancia que notó porque vio el cartel indicador, que luego de un trayecto, de unos 200 mts., detuvieron la marcha frente a un portón, el cual fue iluminado por las luces de los vehículos, casi de inmediato se abrió el portón e ingresaron los vehículos, vio personas con armas largas, el vehículo se detuvo, lo hicieron bajar y lo introdujeron en una vivienda.
Graciela Dellatorre, Ana Maria Di Salvo, Ariel Adhemar Rodríguez Celin, Guillermo Dascal y Gustavo Alberto Franquet entre otros, también recordaron la existencia de esa tranquera en la entrada del CCD.
Como ya se dijo, el CCD estaba conformado por tres casas tipo “chalet” de una planta.
Casa 1 - Jefatura: Se encontraba a unos 20 o 30 metros del camino de tierra de ingreso al predio, del lado izquierdo. Era una construcción de una sola planta, con techo a dos aguas, con tejas de estilo colonial de color rojo.
Esta casa contaba con dos accesos, uno lindante con la vía colectora de Camino de Cintura, con porche y dos ventanas tapiadas y otro sobre la parte posterior donde existía una galería descubierta que se extendía sobre el lado este de la casa.
En la casa 1 se encontraban una habitación y un sótano para el alojamiento de secuestrados, una sala principal, cocina, dos baños y dormitorios. Uno de los dormitorios fue utilizado exclusivamente por el imputado Durán Sáenz durante el tiempo en que el nombrado vivió en el centro clandestino.
En esta sala principal los secuestrados recuerdan la existencia de una chimenea y es importante señalar que en la excavación arqueológica fueron hallados ladrillos refractarios de los usualmente utilizados para confeccionar estructuras destinadas a cocción y calefacción. Allí, durante el año 1977 algunos secuestrados fueron obligados a realizar distintos trabajos; Ana María Di Salvo desarrolló allí el trabajo psicológico que se le había encomendado y Héctor Oesterheld también realizó allí una historieta acerca de San Martín.
La habitación y el sótano destinados al alojamiento de secuestrados se utilizaron solamente durante el año 1976, en los años siguientes se utilizó para estos fines la casa 3 y en menor medida la casa 2.
Durante el año 1977, una de las habitaciones de esta casa fue utilizada para el alojamiento de las mujeres secuestradas, entre ellas Elena Alfaro, Silvia de Rafaelli, Ángela Donatella Rude “la Tana”, quienes eran obligadas a vivir con Durán Sáenz.
La excavación arqueológica realizada en el lugar por miembros del Grupo Antropológico Arqueológico Memoria e Identidad –en adelante GAAMI- permitió el hallazgo de distintos elementos que confirman los dichos de los sobrevivientes respecto de las características de las casas. Se recuperaron tejas y materiales y estructura correspondientes al porche que lindaba con Camino de Cintura. También se recuperaron azulejos negros que correspondían a uno de los baños, ubicado al sur de la sala principal.
El trabajo del GAAMI también reveló que allí había un sótano, y se detectaron las paredes del sótano pintadas de un color verde amarillento, el piso de un color rojo desvaído y la presencia de ganchos de hierro en forma de T amurados a una de las paredes de ese lugar.
Es importante señalar que pese a la destrucción de las casas (una realizada por el propio grupo represor cuando el predio dejó de funcionar como centro clandestino en 1978 y otra en 1984 en la causa 1800 del Jdo. del Dr. Ruiz Paz con la pericia en la que se utilizó maquinaria de gran porte), los trabajos de campo efectuados por el grupo de arqueología “revelaron con claridad los cimientos que resistieron los distintos eventos de destrucción” dando cuenta del perímetro de la casa y de las divisiones internas y los límites del recinto correspondientes al sótano. “Se pudo reconstruir la planta original, identificar los espacios y características arquitectónicas”.
Respecto de las particularidades de esta casa nos hablaron los sobrevivientes que estuvieron cautivos durante los años 76 y 77. Durante el 78, según los sobrevivientes que han declarado en este juicio, esta casa era utilizada por la oficialidad y sólo algunos llegaron a verla durante algún traslado entre las casas 2 y 3, pero ya no era utilizada en ese año para el alojamiento de secuestrados.
María Elida Serra Villar nos dijo que “El lugar de planta baja era de piso de madera…el sótano era pequeño entraban pegadas 10 o 12 personas.”
Graciela Dellatorre recordó que “la entraron en una casa como por la parte de atrás, pudo ver el piso porque se le había aflojado la venda, eso le da la impresión de atravesar una cocina y los van llevando a un sótano. En ese lugar ya había otra gente…estuvieron allí 12 o 13 personas. Ese lugar puede dimensionarse por el tamaño de los colchones, dos filas contiguas, 4mts. por 3 mts., lo único que tenía era en la parte superior una ventana donde se veía verde, árboles, se escuchaban aviones, pájaros por la mañana, viento. El día antes de salir recordó que la sacaron del sótano y la subieron a una habitación que tenía hogar a leños.
Susana Reyes recordó que la cocina tenía dos ventanas tabicadas que daban a la calle por la que se escuchaba pasar gente. Recordó también que el baño tenía puerta, espejo y azulejos negros.
Ana María Di Salvo declaró que en la jefatura, en el pasillo, frente al baño y las habitaciones, había un teléfono.
Noemí Fernández Álvarez manifestó que estuvo alojada en una de las habitaciones de la casa 1 que tenía baldosas antiguas y en un tramo piso de madera. Dijo durante la audiencia que la habitación tenía ventanas que daban al exterior porque pudo ver algún marco pero las ventanas estaban cerradas o tapiadas y rememoró que se oía el ruido de coches pero que no se veía para afuera y que también se escuchaban ladridos de perros cuando llegaban autos.

Casa 2 o Enfermería:
Esta casa se encontraba a la derecha del camino de ingreso y actualmente se observan en ese lugar restos de una serie de baldosas de color rojizo con bordes blancos que corresponden a uno de los ambientes de la casa.
Esta era la casa donde estaban las salas para interrogatorio acondicionadas especialmente para torturar a las personas y una sala de enfermería, donde se alojó a secuestrados que tenían alguna dolencia especial. A modo de ejemplo diremos que Hugo Pascual Luciani que llegó herido de bala al CCD y luego padeció de una arritmia cardíaca estuvo cautivo en esta habitación.
Otras dependencias de esta casa se utilizaron para el alojamiento de los secuestrados y para ello estaban preparadas con aros amurados a pocos centímetros del piso a los que eran esposados los cautivos.
Las habitaciones destinadas a interrogar bajo torturas a los secuestrados tenían carteles indicadores con las leyendas “Sala de interrogatorios táctico nro. 1” y “Detenidos en tránsito”. Así lo recuerdan entre otros Darío Emilio Machado, Samuel Zaidman y Cecilia Ayerdi.
La mayoría de los sobrevivientes recuerda además que la habitación utilizada para las torturas estaba forrada de telgopor y que con quemaduras de cigarrillos se había dibujado una cruz svástica y se había realizado la siguiente inscripción “si lo sabe cante, si no aguante”. Todos señalan también que en esta habitación había una camilla blanca, con listones de madera, en el que eran acostados los prisioneros para la aplicación de picana eléctrica durante las sesiones de interrogatorio.
El piso de una de las habitaciones donde eran alojados distintos secuestrados, es una característica que casi todos los sobrevivientes que pasaron por allí mencionan en sus testimonios; era un piso de baldosas rojas con bordes blancos que nosotros mismos pudimos observar en las inspecciones oculares realizadas en el predio y que se encuentra documentado en el video de Memoria Abierta.
Pablo Martínez Sameck dijo que lo llevaron a una casa, y pudo ver, pese a la venda que tenía colocada, que era de baldosones rojos con borde blanco crema. Allí permaneció encadenado a la pared.
Osvaldo Scarfia, dijo que el lugar donde estaban alojados era un cuarto con baldosón rojo.
Darío Emilio Machado en inspecciones oculares pudo reconocer las baldosas rojas con bordes blancos.
Horacio Hugo Russo relató que la construcción tenía piso calcáreo, baldosas rojas y que en alguna oportunidad con Jorge Watts y otras personas se ocuparon de identificar el lugar, hasta que finalmente en 1981 lograron ubicarlo, fueron a verlo, se metieron entre los alambres y estaban los cimientos y reconocieron los rastros de las baldosas.
Gabriel Alberto García (en su declaración incorporada por lectura) refirió que el recinto de la tortura tenía las pareces recubiertas de telgopor.
Alejandra Naftal, en concordancia con ello señaló que la sala de las torturas era una habitación pequeña, con un camastro de madera, las paredes con telgopor, y resaltó una inscripción de una svástica hecha con cigarrillos.
Javier Goldín relató que la sala de torturas tenía telgopor y un cartel que decía “Si lo sabe cante, sino aguante.”
María Susana Reyes expresó que la mandaban a limpiar el lugar que se conocía como ”enfermería” que era una sala más chica y ahí pudo ver que en la pared había telgopor y con cigarrillo estaba escrito “si lo sabe cante y sino aguante”.

Casa 3. La casa de las Cuchas:
Se encontraba a 50 metros de la entrada por el camino de ingreso. Esta era la casa destinada exclusivamente al alojamiento de los prisioneros.
A la misma se accedía por una cocina/sala donde había un mostrador.
Cecilia Vázquez recordó la presencia de un fichero y sobre éste un corcho con la inscripción EMPRESA EL VESUBIO.
Recordemos que una tarjeta con la misma impresión se incautó en el allanamiento realizado en el domicilio de Cendón, en el marco de la causa 4104 caratulada “Cendón Néstor Norberto y otro s/ infr. art. 189 bis del Código Penal y falsificación de documento” del Juzgado Nacional en lo Criminal y Correccional Federal N° 4, Secretaría 12, cuyas copias se encuentran agregadas al Legajo de prueba 494.
A la derecha de esta sala de ingreso se encontraba el baño. A la izquierda el sector de cuchas correspondiente a las mujeres. Atravesando la sala/cocina, se encontraba el sector de cuchas de hombres y al final de este sector la Sala Q.
Esta sala Q destinada al alojamiento de personas que llevaban largo tiempo en cautiverio y que eran utilizadas como mano de obra esclava para la realización de algunos trabajos dentro del centro clandestino, fue construida a fines de mayo de 1977.
Elena Alfaro testimonió respecto de su construcción en esta fecha y en concordancia con ello el imputado Zeoliti también manifestó al ser indagado que la Sala Q era una construcción nueva con respecto al resto.
En idéntico sentido, Ana María Di Salvo, liberada el 20 de mayo de 1977 refirió que durante su cautiverio no existía la sala Q y que conoció su existencia por el testimonio de personas que permanecieron secuestradas con posterioridad a su liberación.
Jorge Federico Watts declaró que la Sala Q era una sala prefabricada con tres grupos de dos camas uno arriba de la otra.
Arturo Osvaldo Chillida también recordó la existencia de camas cuchetas en esa sala y Alejandra Naftal recordó que además de las camas, había una mesa y sobre la pared un organigrama de la organización Montoneros.
En el mostrador que estaba apenas se ingresaba a la casa, muchos de los cautivos fueron obligados a confeccionar listados a máquina con los nombres de sus compañeros también allí secuestrados.
Al baño de esta casa eran también llevados los cautivos que estaban alojados en la casa 2. En alguna ocasión se les permitió bañarse. Susana Reyes, Guillermo Lorusso y Alfredo Peña entre otros se acordaron que allí solo había un caño sin flor del que salía un chorro de agua fría.
Las cuchas donde se alojaba a los varones eran espacios con la dimensión de un colchón, allí eran esposados a la pared. En ocasiones llegó a haber 3 y hasta 4 personas por cuchas. Estos espacios tenían el tamaño de una colchoneta y una altura de 1 metro aproximadamente y sobre éstas había un primer piso con más cuchas.
Eduardo Kiernan explicó que una cucha era un espacio en que habían colocado una pared cada metro y medio, es decir que la cucha tenia aprox. 1,50 m. de ancho y una profundidad de 2,20 o 2,50 m. y a unos 20 cm. del piso había un fierro clavado al que se le había hecho un aro y a esa arilla eran esposados.
El piso en el sector de las cuchas de hombres era de cemento en tanto que en el sector de mujeres eran dos las habitaciones con cuchas y los pisos eran de madera
Entre muchos otros testigos, así lo describieron Hugo Pascual Luciani, Juan Carlos Farías, Susana Reyes, Javier Goldín, Arnaldo Jorge Piñón, Horacio Hugo Russo, Elena Alfaro y Estrella Iglesias.
Susana Reyes brindó una descripción de las cuchas que tal vez nos permita acercarnos un poco a la realidad de cómo eran y se sentían, ella nos dijo: “La cucha era como un cajón sin tapa”.

La Pileta:
Se encontraba más hacia la izquierda de la casa 1 y un poco mas alejada del frente. En la actualidad pudimos observar una pared con azulejos blancos con un desnivel en la tierra.
Esta construcción ya aparecía en fotografías aéreas, cercana a la casa 1.
El GAAMI detectó que la pileta poseía un ancho interno de 6 mt y una profundidad de 1.20 mt. en sector medio.
Darío Emilio Machado que volvió al CCD para inspecciones oculares dijo que esa era la pileta que veía cuando era trasladado de casa 2 al baño de casa 3.
Javier Casaretto, también relató que en una oportunidad los guardias les dijeron vamos a la pileta y los sacaron de las cuchas para desinfectar.
Juan Carlos Benítez, también recordó que había una pileta en el predio.
También aludieron a la existencia de una pileta en el lugar entre otros Elena Alfaro, Arturo Osvaldo Chillida, Silvia Irene Saladino y Guillermo Alberto Lorusso.
Actualmente y tal como lo señala el informe del GAAMI solo persisten parcialmente visibles en la superficie los cimientos, pisos y contrapisos de las construcciones y en casa 1 una estructura semienterrada correspondiente al sótano. Este equipo de trabajo, localizó además en el lugar, ciertos elementos como caños de diverso grosor que determinaron la existencia de desagües y cámaras sépticas que correspondieron a los espacios sindicados por los sobrevivientes como baños y cocina.
Finalmente debemos resaltar la concordancia entre los distintos croquis realizados por los sobrevivientes, el plano realizado en la pericia arquitectónica ordenada por el juez Ruiz Paz en la causa 1800 y los realizados por el equipo del GAAMI. Los propios arqueólogos resaltaron esta similitud en su informe y destacaron que el plano de la causa 1800 se ajusta en dimensiones y distribución de espacios a las expuestas en la excavación arqueológica. Esta descripción también se ajusta a las conclusiones del relevamiento topográfico realizado por el Arquitecto Gonzalo Conte, de Memoria Abierta, quien también testimonió en el juicio.
Cabe destacar que los testimonios de los sobrevivientes coinciden también con lo dicho en la indagatoria por el imputado Zeoliti, respecto al lugar en que se encontraba el centro clandestino, la ubicación de los distintos espacios en las tres casas y el tipo de material utilizado para la construcción.
En especial resulta relevante el reconocimiento ocular del predio. En efecto pese a la demolición de las casas en 1978 y las involuntarias roturas ocasionadas al realizarse una inspección ocular en diciembre de 1983, sumado a que actualmente –tal como se encargaron de señalar los especialistas- el predio lindante se encuentra ocupado por una persona que utiliza el sector en el que se asentaban las casas, como lugar de tránsito, aún así pudimos observar restos en superficie de las tres casas y la pileta.
Debemos resaltar por último los hallazgos del material utilizado en el centro clandestino cuando fueron practicadas las distintas inspecciones oculares, además de los hallazgos realizados por el equipo del GAAMI durante la excavación arqueológica.
En la inspección ocular realizada el 14 de diciembre de 1983 por el Dr. Ruiz Paz se secuestró entre otros elementos un carnet sin foto a nombre de Osvaldo Alberto Scarfia perteneciente a la Obra Social de Empleados de Comercio, como ya lo dijimos cuando vimos su caso.
En la inspección ocular del 19 de Diciembre de 1983 se incautaron ampollas de Oleoseptol Simple y de agua destilada con la inscripción “Ejército Argentino” y trozos de telgopor (esto se puede confrontar en las actas obran en el legajo 494).
En la excavación arqueológica se encontraron FRAGMENTOS DE PLATO DE LOZA CON LA LEYENDA Y LOGO DEL “cuerpo penitenciario federal”.
Numerosos testigos hablaron de la presencia de vajilla y remedios con logos oficiales:
Javier Goldín recordó que algunas cucharas tenían la marca del ejército argentino y que en una oportunidad le dieron corticoides porque era asmático. La caja del medicamento también decía ejército argentino.
Alfredo Eduardo Peña: los jarritos en los que tomábamos decía “ejército Argentino”, dijo en las audiencias.
Dora Beatriz Garín: habló de las mantas que decían Ejército Argentino.
Darío Emilio Machado: “los platos de comida y los jarros eran de aluminio, tenían un sellito que decía ejército argentino…les daban unas pastillas que decían que eran vitaminas pero que parecían somníferos que las sacaban de una caja que decía comando sanidad”.
Roberto Oscar Arrigo: en el jarrito decía grabado ejército argentino. Les daban una pastilla y la cajita decía IOSE.
Eduardo Kiernan recordó que el mate cocido se los daban en un jarrito metálico.

LOS GUARDIAS EN EL CCD.
Como ya se dijo durante el año 1976 el sótano y alguna de las habitaciones de la casa 1 fueron utilizados para el alojamiento de los secuestrados. Ya en el 77, la casa 2 (se dijo 2 pero decía 3) empezó a cumplir esa función y ocasionalmente la casa 2, de manera que la casa 1 quedó exclusivamente para el uso de los represores del CCD. Solo en excepcionales casos ya señalados, algunas mujeres, de las que Duran Sáenz abusaba, vivieron en la casa 1 durante el año 1977.
Los secuestrados eran custodiados por personal del Servicio Penitenciario Federal, su función no era tan solo la de evitar posibles fugas sino, y sobre todo, el cuidar que permanecieran encapuchados, inmóviles y en silencio, en pésimas condiciones de vida.
Los secuestrados que eran alojados en casa 2 permanecían esposados entre sí y a argollas en la pared dentro de habitaciones en las que llegó a haber grupos de hasta 10 ó 12 personas.
Los alojados en casa 3, permanecían en cuchas de reducidas dimensiones, también esposados a la pared y en ocasiones en que el número de personas secuestradas superaba la capacidad del centro clandestino eran alojados 3 y hasta 4 personas por cucha, todas esposadas entre sí y a la pared.
En estas condiciones, los cautivos debían soportar, además, el acoso permanente de los guardias quienes los amenazaban y los golpeaban. Debemos recordar aquí que los guardias se manejaban en forma discrecional y que llegaron incluso a abusar sexualmente de mujeres secuestradas y a matar a golpes a un secuestrado porque se quejaba del dolor que sentía por las torturas con picana eléctrica.
Los testimonios son coincidentes en que eran custodiados por tres guardias que hacían turnos rotativos de 24 x 48 horas. La identidad de estos guardias era ocultada por completo a los cautivos, toda vez que se hacían llamar por “apodos”.
Estos guardias vestían, por lo general, el pantalón y el calzado del uniforme del Servicio Penitenciario Federal y algunos secuestrados así lo recordaron.

Javier Gustavo Goldín recordó que los guardias usaban borceguíes y pantalón azulado.
Enrique Varrín refirió que los encargados de vigilar a los detenidos lucían una especie de uniforme azul oscuro, parecido al utilizado por el personal del Servicio Penitenciario.
También recordaron esta vestimenta de los guardias entre otros Inés Vázquez y Guillermo Dascal.

Otros como Zanzi Vigoreaux, manifestaron que también a veces o algunos, usaban zapatillas. Y aclararon que era a efectos de que las víctimas no pudieran escucharlos cuando se acercaban a ellos.

Más adelante, nos detendremos en la labor y las funciones desempeñadas por los guardias, y en su efectiva contribución a aumentar la mortificación de las inhumanas y degradantes condiciones de permanencia en cautiverio de los secuestrados.

No hay comentarios:

Publicar un comentario